
Maturín se viste de final: la Vinotinto se juega la vida ante Bolivia
- Luis omar Torrealba
- 2 jun 2025
- 2 Min. de lectura
A 4 días del partido más determinante de esta fase
La cuenta regresiva está en marcha. Faltan solo cuatro días para que la Vinotinto enfrente el que, hasta ahora, es su compromiso más decisivo en esta fase de las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial 2026. Este 6 de junio, Venezuela recibirá a Bolivia en el estadio Monumental de Maturín, en un duelo que puede marcar un antes y un después en las aspiraciones mundialistas del combinado nacional.

El equipo dirigido por Fernando "Bocha" Batista se prepara para una doble fecha en la que no solo deberá sumar, sino también capitalizar tropiezos ajenos. El objetivo está claro: mantenerse al menos, en el repechaje hacia la Copa del Mundo.
Bolivia: el rival que hay que vencer sí o sí
El primer escollo será Bolivia, selección que llega con la urgencia de puntuar. Sin embargo, Venezuela parte como favorita en casa y con el respaldo de una afición que ha hecho de Maturín un fortín.
Este encuentro no solo representa tres puntos vitales. Es, además, la posibilidad de ganar 2 partidos seguidos de Eliminatorias, algo que no sucede desde 2003, y así recuperar sensaciones positivas antes del complicado choque en Montevideo.

Otros partidos que también juegan para Venezuela
La doble fecha también trae consigo otros dos partidos que podrían favorecer (o complicar) a la Vinotinto, dependiendo de sus resultados:
Uruguay vs Paraguay
Colombia vs Perú
Ambos choques tienen un impacto directo en la tabla de posiciones, ya que tanto Colombia como Paraguay compiten en la misma zona de clasificación que Venezuela. Una victoria de Paraguay ante la Charrúa ayudaría sabiendo que Venezuela tiene que visitarlos el 10, mientras que un tropiezo de Perú en Barranquilla podría ampliar la ventaja vinotinto sobre los del Rímac.
Todo se define ahora: la fe y el fútbol se citan en Maturín
La afición ya lo sabe: el partido contra Bolivia es una final. Venezuela no puede darse el lujo de fallar, no solo por la tabla, sino por el impulso anímico que significaría llegar con una victoria a Montevideo.








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